Neuroarquitectura y Autismo: Diseñando Bienestar

Neuroarquitectura y Autismo: Diseñando Bienestar

La forma en que diseñamos los espacios tiene un impacto directo en nuestras emociones y
bienestar. Para las personas dentro del espectro autista, este impacto es aún más
significativo. Los entornos pueden generar calma o, por el contrario, provocar sobrecarga
sensorial. La neuroarquitectura estudia cómo los espacios afectan nuestro cerebro y
emociones, ayudando a diseñar ambientes más inclusivos y funcionales.
¿Cómo afectan los espacios a las personas con autismo?
Las personas con autismo suelen experimentar hipersensibilidad o hiposensibilidad a los
estímulos del entorno. Factores como la iluminación, los colores, el sonido y la distribución
espacial influyen directamente en su estado emocional, capacidad de concentración y
bienestar general. Un diseño mal planificado puede generar ansiedad o distracción,
mientras que un espacio pensado para sus necesidades puede ofrecer confort y
estabilidad.
Principios de la Neuroarquitectura para entornos inclusivos
Para diseñar espacios adaptados a las necesidades de las personas con Trastorno de
Espectro Autista (TEA), es clave considerar:
Iluminación regulable: La luz natural es beneficiosa, pero también es importante contar
con opciones de control como cortinas, reguladores de intensidad o luces indirectas para
evitar molestias visuales.
Colores y texturas suaves: Los colores neutros y tonos pastel generan ambientes más
relajantes, evitando contrastes agresivos. En cuanto a texturas, los materiales cálidos y
suaves son ideales para brindar sensación de confort.
Zonas de descanso sensorial: Diseñar espacios específicos para la regulación emocional
ayuda a reducir el estrés. Esto puede incluir rincones con pufs, alfombras mullidas y poca
estimulación visual.
Reducción del ruido: El exceso de ruido puede ser abrumador para las personas con TEA.
El uso de paneles absorbentes de sonido, alfombras y diseños que minimicen el eco
pueden hacer una gran diferencia.
Organización y distribución clara: Los espacios deben ser intuitivos y funcionales, con
zonas bien definidas para cada actividad. Evitar la saturación de elementos ayuda a que el
entorno sea más comprensible y predecible.
Diseño consciente para una mejor calidad de vida

El diseño arquitectónico no solo cumple una función estética, sino que también puede
transformar la vida de las personas que lo habitan. Como destaca Ana Antico, directora de
Antico Home y Studio:
“El diseño consciente no solo embellece los espacios, sino que también puede mejorar la
calidad de vida de quienes los habitan”.
Al aplicar estos principios en el diseño de hogares, escuelas y espacios de trabajo,
podemos contribuir a la inclusión y el bienestar de las personas con autismo.
La neuroarquitectura nos ofrece herramientas valiosas para crear entornos que se
adapten a sus necesidades, promoviendo una mejor calidad de vida para todos.